lunes, 31 de marzo de 2008

Niña sabia si las hubo


Curioseando por internet, me enteré que hace 15 días, exactamente el 15 de Marzo había sido su cumpleaños y yo no la había saludado. A ella, a quién descubrí gracias al buen tino de mi mamá que no tiró la colección completa de sus tiras. A quién leí de chica casi sin entenderla. A quién releí de grande con alegría, risas y también un poco de tristeza. Evidentemente, había empezado a entender de qué estaba hablando...

¡Feliz Cumpleaños número 45, Mafalda!

Como homenaje, les dejo una tira que parece escrita ayer, para el diario de hoy.

domingo, 30 de marzo de 2008

No sucedió

Durante la primer clase del taller de gráfica que compone una de las materias que acabo de comenzar a cursar, el profesor hizo- palabras más, palabras menos- la siguiente afirmación:
"El trabajo del periodista es contar algo que aún está suciediendo, como si ya hubiese sucedido. Por lo tanto, inventa. Sin embargo, mediante una sabia utilización de la información disponible - cuanto más abundante y precisa mejor- genera un efecto de verdad, es decir que la gente le cree" A lo largo del año, aparentemente, realizaremos ejercicios del tipo de contar cosas que efectivamente NO ocurrieron de manera tal que nadie pueda dudar de su veracidad. ¿Está este profesor diciendo que nos va a enseñar a mentir? ¿Será que quiere que nos convirtamos en expertos en convencer y no en comunicar? Confieso que la propuesta no deja de intrigarme, por lo audaz de la afirmación y lo divertido del juego que plantea.
No le pregunté si sirve también para gente que quiera aprender a mentir en otros ámbitos más allá del periodismo, un boliche o un exámen por ejemplo.
Si a alguno le interesa, lo esperamos en la Carrera de Ciencias de la Comunicación, en la UBA.
Eso sí, se ruega llegar temprano porque se acaban las sillas.

lunes, 24 de marzo de 2008

Los dueños de 4x4s no deberían hacer piquetes.

Sencillamente no deberían. De tener un problema con el gobierno, deberían levantar el teléfono y hablar con su diputrucho de confianza, con su ministro compañerito de colegio, con su garca amigo en la versión que mejor les convenga. Seguro que de esos les sobran y que así conseguirían más fácil lo que quieren. Deberían dejar las medidas de fuerza para quienes realmente necesitan hacerse ver, demostrar que existen, porque de otra manera tanto la sociedad en su conjunto casi entero como los medios los ignoran sistemáticamente. No deberían exponer su piel acostumbrada a tratamientos de belleza al sol de la ruta, que está fuerte, y más con esto del calentamiento global. No deberían poner en peligro sus lujosas camionetas ubicándolas al costado de rutas plagadas de turistas que en un ataque de ira podrían intentar rayarlas o dañarlas. Deberían disfrutar del fin de semana largo, a lo sumo dedicarse a calcular cuántos viajes a Miami no van a poder hacer por culpa del demoníaco gobierno de turno, que ahora aparte de ser fanático de los 70s parece que también quiere convertir al país al socialismo.

Esta vez me tocó sufrir en carne propia estos cortes tan nombrados y tan ¿sorpresivamente? poco criticados. Juro, sin embargo, que no es porque me haya tocado a mí que estoy tan profundamente en contra de ellos. Sencillamente creo que es necesario diferenciar entre reclamos legítimos y reclamos ridículos, entre medios justificables y abusos de poder.




domingo, 16 de marzo de 2008

Punto Fijo

Por la ventana desfilaban árboles, viejas, perros, chicos, parejas, gatos, autos. Yo los miraba a todos y a ninguno al mismo tiempo. Mi mente no llegaba a detenerse, no llegaba a darles importancia. Viajaba, me movía a un ritmo diferente del que llevaba mi transporte en aquel momento. Mientras el colectivo avanzaba rebotando, frenando bruscamente o acelerando respondiendo a los designios de aquel sujeto tras el volante, yo me desprendía de su andar. Mi vuelo era suave, fluído, despreocupado. Como una paloma indecisa, mis pensamientos no se posaban por más de un segundo en un mismo lugar. De pronto, la vi. No pude evitar mirar. Mis ojos no parecían tener opción, volvían siempre al mismo punto. Toda la dispersión de hace unos segundos parecía cosa de otra vida. Ahora solo había una cosa capaz de llamar mi atención. Añoraba mi poder de distracción. Aquello estaba comenzando a irritarme y decidí que tenía que actuar. Estaba junto a mí y la proximidad era insoportable. Finalmente me armé de valor y dije: - “Disculpe, creo que olvidó subir su cierre”. El robusto sujeto me miró y luego observó el área de su cuerpo a la que yo había hecho alusión. Por fin, aquel rápido movimiento de su mano me libró de la pesadilla.



jueves, 13 de marzo de 2008

Ya sé no es todo...

Pero igual me siento vieja.
En la última semana asistí a la despedida de soltera de una amiga y otra fue tía por segunda vez.
No son deseos de imitarlas lo que tengo, sino una pregunta que se repite incesantemente en mi cabeza: ¿Cuándo nos pusimos tan viejas? Y soy muy consciente de que el mero hecho de estar preguntándome y escribiendo sobre esto no hace más que reafirmarlo, estoy vieja.
Si no fuera porque en la despedida de soltera bailamos como quinceañeras a bordo de un trencito de la alegría y porque en la habitación de la maternidad uno de los temas de conversación fue uno que se viene repitiendo desde los diecisiete años, me sentiría más vieja aún.
Por suerte puedo decir que las dos afirmaciones anteriores son ciertas, y no me siento taaaan vieja.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Tres pájaros de un tiro.

Ando medio corta de ideas, de tiempo y de inspiración, así que les dejo una cita para que se deleiten...

La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.
La vida, un ballet sobre un tema histórico, una historia sobre un hecho vivido, un hecho vivido sobre un hecho real.
La vida, fotografía del número, posesión en las tinieblas (¿mujer, monstruo?), la vida, proxeneta de la muerte, espléndida baraja, tarot de claves olvidadas que unas manos gotosas rebajan a un triste solitario.
Julio Cortázar, Rayuela, Capítulo 104

Cortázar tiene, en mi opinión, esa facilidad para enganchar al lector en su juego, en su ritmo. No importa si lo que está escribiendo es super profundo o si simplemente no tiene sentido. No me importa que casi no entiendo la cita que puse. Cada palabra cae oportunamente después de la otra, como en una canción, como en un laberinto maravilloso, que invita a seguirlo y a disfrutar de ese exquisito sinsentido que son sus reflexiones y sus historias. La verdad es que no sé cómo explicar mejor lo que me produce leerlo. Sospecho que esta incapacidad se debe, justamente, a que no soy Cortázar.

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Los tres pájaros:
Para Barby, quien me alentó a disfrutar Rayuela tanto como lo había hecho ella. Porque cumplió años y le debo el regalo (coming soon) y porque me pidió que actualizara.
Para Pablo Pargament, mi hermano, quien cumple 15 años hoy. (Buena edad para arrancar con Cortázar, no? va a estar difícil convencerlo igual...)
Para Pablo Ernesto, quien también cumple años hoy. No sé si gusta de leer a Cortázar, pero sé que disfuta de los enredos de palabras, así que quién sabe...