Me sorprendió un poco su mal gusto, ese estampado no le quedaba bien. Pero así y todo su apariencia me atrapó enseguida y me pude imaginar con él.
La segunda vez que lo ví pude identificar algunos detalles (buenos y malos) que antes no había notado. Lo conocí mejor, aunque todavía me sentía alejada de él.
La tercera vez que lo ví estaba algo nerviosa. Por fin estaba pasando, ya teníamos más confianza y podía ir a visitarlo cuando quisiera. Su apariencia había cambiado mucho, parecía más grande y despojado.
La cuarta vez que lo ví lo conocieron algunas de las personas más cercanas a mí y fue muy emocionante. También ese día comencé a cambiarlo un poco a mí gusto, inevitable.
La quinta vez que lo ví fui yo quien eligió su futura apariencia. Lo visité mucho más tranquila aunque todavía algo incrédula. Me quedé sóla con él y conocí sus intimidades, sus ruidos y otros detalles nuevos.
La próxima vez que lo vea, será como yo lo imaginaba.
Y después voy a verlo todas las mañanas y las noches.
Él es mi* departamento, por supuesto.
*no es mío mío... pero está bueno nombrarlo así.